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LA HOJA ESTÉRIL
En una hoja estéril,
he descubierto:
mis manos,
mis ojos,
mis oídos,
mi lengua,
mi nariz.
La hoja estéril,
biliosa,
ha dibujado una historia
como aquellas
que el buen Dios
solía construir
distraídamente.
Ha dibujado, por ejemplo,
mi niñez atormentada:
gritos injuriosos,
tratos implacables,
llantos incontenibles,
fríos inclementes
y una soledad perenne.
También ha dibujado
mi adolescencia tormentosa:
riñas y peleas,
amenazas y temores,
odios y resentimientos,
fracasos y lamentos,
soledad y desolación.
La hoja estéril,
ahora va dibujando mi presente:
golpes y caricias,
llantos y risas,
ausencias y compañías,
desamores y amores,
desaciertos y aciertos.
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